Ponte en mi lugar

Cada uno de nosotros somos únicos. Por mucho que las marcas, la sociedad y las personas que nos rodean nos pretendan clasificar, todos somos únicos. Nosotros y nuestras circunstancias, claro está, pero únicos al fin al cabo.

Se nos llena la boca de palabras como "empatía" y "ponernos en lugar del otro", el gesto se agradece, pero al final nadie es capaz de pensar por nosotros. El caso es que, al menos para temas concretos, hay gente que se acerca bastante. En mi caso tengo los amigos del baloncesto, con los que comparto esfuerzos y pasiones, los de la universidad, los compañeros de trabajo, mi círculo más cercano de amigos o mi familia. A su manera todos son capaces de ponerse en determinadas situaciones "en mi lugar".

Todo esto viene por algo que muchos considerareis una tontería. Me gustan los coches. El mundo del motor en general. Bueno, esto no es una tontería, a muchos les pasa, en su mayoría hombres. Alimentamos esa afición hincando el diente a todo vehículo con ruedas que pasa cerca y leyendo mucho sobre los modelos del mercado, las novedades de las marcas o siguiendo las pruebas deportivas que nos acercan los medios de comunicación.

Pues bien, estoy cansado de los periodistas del motor. Al menos de como enfocan las pruebas y reportajes sobre vehículos de siete plazas. No he leído todavía un periodista que evalúe estos coches desde dentro, "poniéndose en mi lugar". La mayoría no tienen hijos, o si los tienen, no tienen cuatro hijos como es mi caso. No saben de equipajes de familias numerosas, ni de sillas de bebés y elevadores de distintas tallas repartidos por el coche, ni de DVD para los viajes largos.

Se limitan a probar el coche, decir que es poco ágil, que la última fila no es para adultos y queda poco hueco para el equipaje con las tres filas. Da igual que sea el monovolumen Dacia más barato o el todoterreno de lujo más caro. Según ellos siempre le sobran filas de asientos y el vehículo es voluminoso y gasta mucho.

Como si eso no lo supiésemos ya. ¡Jo..r! que tengo cuatro hijos y no me caben en el deportivo de moda. Que un maletero no se mide en litros cuando hay que meter un carrito de dudoso plegado, que no voy a poner el coche al límite en las curvas, que no tengo otro para moverme por ciudad, que se lo que cuesta sacar adelante una familia numerosa, y que esos coches pesan dos toneladas...

¿Es que no pueden buscarse a un honrado padre de familia para probar esos coches? ¿quién mejor que un sufridor en sus propias carnes para probar los nuevos gadgets? Porque uno no aprecia una puerta que se abre sola hasta que no llega con un niño en brazos y las manos ocupadas. Porque uno no valora un hueco portaobjetos hasta que su hijo de cinco años no hace de él su espacio personal para guardar "sus tesoros" cuando está en ruta. Porque uno no puede apreciar un equipo de sonido hasta que no le permite llevar tu música delante mientras los niños ven un DVD en las filas traseras. Porque una suspensión blanda o dura se mide en vómitos de niños por cada mil kilómetros. Porque... ¡hay tantos!

Pues yo me ofrezco voluntario. He dicho.

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