Correr es de cobardes

No me gusta correr. Me refiero a lo que ahora llaman "running", antiguamente conocido como "footing". Estoy convencido que aunque lo sigan cambiando de nombre no me conseguirá enganchar. Me encanta hacer deporte, todos, pero me aburre soberanamente salir a correr.

Quizás mi fisionomía no sea la ideal para salir a la carretera, quizás existan limitaciones físicas en mi particular peso y estatura, o en mi corazón o pulmones. Pero no me gusta correr ni he disfrutado con ello nunca. Ojo, que no quiero decir que no lo haga, es un deporte cómodo, en material, instalaciones y sin necesidad de compañeros con los que ponerte de acuerdo para su práctica, pero no disfruto.

Toda la vida me ha supuesto un esfuerzo importante. Bajar de 6 minutos por kilómetro es ciencia ficción, pero siempre lo ha sido, incluso en mi mejor estado de forma cuando jugaba al baloncesto en serio. Observo con envidia y veneración a todos los que corren grandes distancias, a los que se atreven con maratones, a los que derrotan al reloj y a su físico día tras día.

Correr, como nadar, también me aburre. Pienso cosas mientras y no puedo tuitearlas, o escribirlas en el blog, como ahora. En cambio jugar al baloncesto limpia mi mente, en la cancha no pienso en otra cosa que no sea baloncesto. Da igual si estoy yo solo con una pelota o en un final apretado de partido. Cuando practico Baloncesto mi cabeza descansa de su día a día y se entrega al juego, en cambio, cuando corro, no dejo de preguntarme la razón de que me castigue con esa tortura.

La pena es que uno no siempre tiene nueve compañeros con los que jugar y una cancha donde hacerlo. Por mucho que hayamos creado un #twittbasket, no puedo hacer todo el deporte que me gustaría basado sólo en el baloncesto. Por eso corro. Bueno, por eso y por mantener a raya ese peso que algo me preocupa.

Cuando disfrutéis haciendo footing, acordaros de mí y valorarlo adecuadamente. Yo os lo agradeceré mientras meto unas canastas.

Fotografía: wikipedia
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