Móvil, móvil, móvil

Lo tengo claro, ese es el futuro. Quien anticipe la forma en que la sociedad usará los servicios a través del móvil a corto, medio y largo plazo se llevará el gato al agua. Dicen que tendremos que irnos a Japón, los más maduros con estos dispositivos, para poder ser visionarios en nuestra tierra. No lo creo.

El uso del teléfono que tenemos que trabajar en anticipar irá íntimamente ligado al uso del que de él hagan los dueños de los terminales y, lo siento, los japoneses no son una muestra válida para anticipar como el españolito de a pie se comportará. Al final el "dispositivo móvil", que diría mi compañera Carmen, es una extensión de personalidad de su propietario y nos acompaña desde bien temprano en nuestra mesita de noche (esas consultas de correo y redes sociales antes de ni siquiera poner un pie en el suelo) y durante todo el día.

Actualmente parece que las aplicaciones sociales copan el contenido, compartir pensamientos, actividades o simplemente ubicaciones. De ahí saltaremos a los motores inteligentes de recomendación y a la publicidad y el marketing local e hipersegmentado: ¿que te parecería recibir a las 13:00 un descuento en el menú de un restaurante a sólo 100 metros de donde te encuentras? ¿o una recomendación que hizo un amigo tuyo para un determinado plato en otro local de la zona?

Hay mucho, mucho por descubrir. Tan solo en los terminales seguimos trabajando en el formato ideal, tamaños y capacidades. Del sistema Operativo y las aplicaciones mejor no hablo, realmente no sabemos como interactuaremos con nuestros terminales el día de mañana, acuérdate, no hace tanto del "yo solo lo uso para llamar", "el SMS es una tontería", etc. Con ese marco de trabajo, hacer una proyección de cómo será, en mi caso, una Banca Móviles cuando menos atrevido.
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