¡Oído Cocina!

En este mundo en el que nos movemos, de blog en blog, repleto de twitters junto a bulliciosas redes sociales de todo pelaje, a veces tenemos la sensación que el mundo va demasiado rápido para acto seguido descubrir que todo sigue igual.

En este panorama de innovaciones y web 2.0, descubrimos que las empresas no van tan rápido, me refiero a las grandes empresas que Dioni Nespral describe en la última entrada de su blog. Grandes empresas como en la que trabajo. Grandes corporaciones con multitud de facetas y suficientes personas para serlo todo y nada.

La discusión en los comentarios del artículo de Dioni se centra en los procesos de cambio que precisa una gran empresa para seguir el ritmo de los tiempos. Se trata de una carrera a largo plazo que dictará la supervivencia o no de su modelo de negocio actual.

Para motivar ese cambio todos tenemos en mente que las empresas son un conjunto de personas unidas por algo en común, llamemosle cultura corporativa, comunión de intereses o pura supervivencia económica de todas y cada una de las personas que trabajan en ellas.

A la hora de cambiar las empresas, hay unanimidad en identificar el liderazgo de las personas pero, de forma simultánea, también manifestamos diferencias en el origen del cambio: ¿debe venir desde fuera? ¿se trata de una revolución silenciosa desde dentro? ¿es un proceso comandado por líderes internos actuales?

El caso es que yo, un romántico al fin y al cabo, confiaba en la fuerza de cada uno para motivar el cambio en la empresa, pero el resto de la parroquia, a la sazón más experimentada en estas lides, consideraba insuficiente mi propuesta. Es por ello que el título de este artículo es esa frase tan manida del ¡Oido cocina!.

La revolución debe continuar, pero cambiaré de estrategia...
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