Sucio dinero

Comenta hoy Andrés Perez en su fantástico blog sobre Marca Personal, la situación embarazosa que surge cuando nos encontramos en la tesitura de valorar nuestro trabajo y pedir dinero por el mismo.

Como dice mi amiga Esther, la guerra civil española y la posterior etapa franquista creó unas generaciones de españoles basados en sólidos valores de esfuerzo, apoyo mutuo y trabajo pero con unas nulas capacidades para hablar de dinero.

No se si es que el dinero era tan escaso que no tuvieron la necesidad de hablar de ello. Daros cuenta que existen generaciones enteras para las que tirar un mendrugo de pan sobrante a la basura no deja de suponer un problema ético ya en el siglo XXI. Miraros a vosotros mismos o preguntar a vuestros padres acerca de la anécdota del pan.

El caso es que como indica Andrés en su vídeo, nos cuesta poner precios a las cosas. Damos por supuestos muchos temas económicos con tal de no entrar a debatirlos y generamos algo tan español como el chanchulleo y el amiguismo. Al no saber poner precio a las cosas y servicios, se rodean todas las transacciones de un misterioso halo de vaguedad y en ese halo surgen las relaciones personales como moneda de cambio: favores, favorcillos, chanchullos y chanchulletes.

A veces da envidia ver a los norteamericanos, y en general al mundo anglosajón, declarar lo que ganan o dejan de ganar con total transparencia. Mientras, en este país de envidiosos y oportunistas, hasta las empresas subrayan ¡al propio trabajador! la confidencialidad de los emolumentos que recibe uno mismo. Ni a la familia más cercana vamos a poder contárselo.

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