Prohibe que algo queda...


Sería curioso hacer un estudio psicológico de los niños criados en este vecindario de Santander (cerca del Sardinero). Herodes es el presidente de la Comunidad de Vecinos y entre los residentes hay tres ogros y cuatro brujas malas malísimas.

El caso es que me recordó al SGAE y su batalla contra los honrados ciudadanos que comparten su música sin obtener beneficio de ello. Si extrapolásemos el caso a lo sucedido en este país con el canon, el ayuntamiento de Santander pondría una tasa a todos los ciudadanos y turistas por su derecho a permanecer en la ciudad. Además los padres pagaríamos un extra por el derecho a jugar (jueguen o no) de nuestros hijos. De las sociedades de autores, y los políticos que les permiten los desmanes, ya nos podemos esperar cualquier cosa, cualquier día nos prohiben la música, aunque no serían los primeros, por lo que leí en su día, eso ya lo hizo el régimen talibán en Afganistan.

Lección: Intentemos inculcar a nuestros hijos el ejercicio de la libertad dentro de la responsabilidad y el respeto a los demás.

Por cierto, a los que pillan jugando ¿les mandan al calabozo del portal? ¿tienen francotiradores en la azotea del edificio? En cuanto vuelva a Santander tengo que llevarme una pelota para poder ampliar la investigación. Lo curioso de la zona es que se trata de un área abierta sin vallar con continuidad desde la acera de la vía pública.

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